Anosmia: ¿hay vida sin olor?

sábado 31 de julio, 2010

La anosmia es la incapacidad para percibir olores. Puede ser temporal o permanente. El término hiposmia se refiere a la disminución de la habilidad para percibir olores, mientras que la hiperosmia es una habilidad olfativa superior. Existen también anosmias parciales, cuando una persona no es capaz de percibir un olor en particular, y suelen relacionarse con sustancias concretas. Son las llamadas ‘anosmias específicas’, y pueden tener una base genética.

La pérdida del sentido del olfato pone de relieve su valía. Una de las consecuencias de la anosmia, especialmente cuando se produce de forma repentina, es que los alimentos se perciben como menos apetecibles, resultando a la larga en problemas nutricionales. En efecto, cuando comemos o bebemos, degustamos los alimentos mediante los sentidos del gusto y del olfato. Por ello, un paciente de anosmia no podrá degustar lo que come, perdiendo la sensación de placer que ese alimento o bebida produce, y teniendo la impresión de que toda la comida ‘es insípida’, o que todo ‘sabe igual’. Además, la anosmia puede ser peligrosa, porque no permite detectar señales de peligro como una fuga de gas, un incendio, o una comida en mal estado.

Por otro lado, el desconocimiento del sentido del olfato en una sociedad muy centrada en la vista y el oído, que infravalora el olfato, hace que a menudo la anosmia se trivialice. Ello puede repercutir en menos ayudas para recibir atención médica, en comparación con los ciegos y los sordos.

La pérdida del sentido del olfato puede resultar también en serias consecuencias emocionales para la persona que la padece. La incapacidad de disfrutar de olores con valor afectivo, como el olor a bosque, de las personas amadas, de la casa familiar, o incluso el olor propio, puede resultar en sentimientos de pérdida o depresión. También la anosmia puede disminuir el deseo sexual, puesto que ciertos olores contribuyen a aumentarlo.

En ciertos microclimas o en los ambientes con fuerte uso del aire acondicionado, el aire muy seco puede conducir a secar las mucosas olfativas, y a una consecuente disminución de la capacidad para oler. Una congestión nasal o una infección pueden resultar también en la pérdida temporal de la capacidad de oler.

La anosmia permanente afecta al 2% de la población, un porcentaje comparable a la población que sufre ceguera o sordera.La anosmia congénita es debida a la falta de desarrollo de las fibras olfativas por factores genéticos; la anosmia traumática es debida a algún accidente que afecta a las  áreas del cerebro que procesan el olfato. Los sprays nasales con efectos vasoconstrictores pueden causar una pérdida permanente del sentido del olfato y se deben usar con precaución, sólo cuando son estrictamente necesarios y  durante un corto período de tiempo. La anosmia también puede ser causada por pólipos nasales, que a su vez pueden estar relacionados con alergias o sinusitis.

Uno de los inconvenientes de la pérdida del olfato es la dificultad para su detección ‘objetiva’. Ann Gottlieb, famosa diseñadora internacional de fragancias, comenta que no consigue asegurar su olfato con ninguna compañía aseguradora porque ‘es imposible demostrar la pérdida del olfato de una forma objetiva’. Es decir, sólo ella misma podría notar esa pérdida. En efecto, la anosmia es una enfermedad ‘subjetiva y autodetectable’, y en los pacientes con anosmia congénita, incapaces de oler desde su nacimiento, se suele detectar a partir de los diez años, cuando los propios afectados empiezan a tomar conciencia de la diferente percepción con respecto a otras personas, y así lo refieren a sus padres o cuidadores.

En nuestra sociedad, el sentido del olfato no es imprescindible para la supervivencia, pero enriquece nuestra vida sensitiva, emocional e incluso social. Las personas que han perdido su olfato repentinamente suelen describir su situación como una ‘sensación de vacío’. Ya no pueden, por ejemplo, disfrutar de un buen vino con sus amigos.

Recientemente perdí el sentido del olfato debido a una anosmia temporal inflamatoria causada por una sinusitis, de la que afortunadamente ya me he recuperado. Durante casi dos semanas no pude oler nada, y anduve preocupada por saber si sería una anosmia temporal o permanente. El otorrinolaringólogo no me aclaró mucho más, sólo dijo que debíamos iniciar un tratamiento con antibióticos y esperar. También constaté la falta de información, tratamientos y ayudas para la gente afectada de anosmia.

A pesar de la angustia que sufrí durante ese tiempo, puesto que una parte importante de mi trabajo consiste en oler, esa pérdida temporal me sirvió para valorar un poco más el sensido del olfato. Si antes lo asumia como algo natural, ahora considero que el sentido del olfato un don especial que hay que cuidar.  

Durante dos semanas no pude oler nada de nada, ni los perfumes, ni la comida, ni el sudor, ni la orina, ni los calcetines sucios. Cuando iba por la calle no olía las cloacas ni el mar ni la lluvia. Cuando llegaba a casa no olía a mi hija ni el ‘olor de mi hogar’. Al entrar en la guardería a buscar a mi hija no percibía el olor ‘a niños’, y no podía detectar el olor de mi madre al besarla. Tampoco podía notar mi propio olor o el del suavizante, en mi ropa, ni el olor del cabello de mi marido.

¡Qué extraña sensación la de vivir sin olores! Es, en efecto, una sensación de vacío, de ‘nada’, de hoja en blanco. Los malos olores, desafortunadamente tan abundantes en las calles, dejan de molestar. Pero también dejas de disfrutar de un buen pastel de fresas porque no notas ni el aroma de fresas ni el de vainilla ni nada. Por lo que respecta a la comida, sólo queda la textura y el sabor dulce, salado, ácido, amargo… Todo se vuelve mucho menos interesante, comer se convierte casi en un trámite para sobrevivir, nada que ver con el placer de paladear una fruta o degustar un buen vino. Intenté ver si olía algo, probé con algunos olores fuertes de la cocina: la pimienta, el café, el ajo… ¡nada! Con los perfumes de mi pequeña colección tampoco: ¡nada de nada! Esa persistencia de la nada me asustó y me impresionó: qué importante es el sentido del olfato, ¡cuánta riqueza cultural nos aporta!, cuantas experiencias vitales, cuantos recuerdos, cuantos afectos… El sentido del olfato nos aporta muchas cosas intangibles y sin embargo tan importantes, en el día a día y en nuestra historia vital!

Poco a poco me fui recuperando. Recuerdo que el primer olor que percibí fue un ligero olor a perfume de una señora que pasaba por la calle. Me quedé maravillada. No pude reconocer el perfume, como tantas veces, pero ese ligerísimo olor me dio esperanzas de volver a oler. Percibir el olor de las cloacas, siempre tan desagradable, en esa ocasión me alegró. Y vi que si olía muy fuerte ya podía notar un poco el café, luego el té, luego llegaron los olores más sutiles, y en unos cuantos días ¡ya estaba oliendo mis perfumes otra vez!

En Open-Senses nuestra pasión es la innovación sensorial.  Si quieres compartir esta pasión con nosotros, puedes contactarnos en www.open-senses.com.

Subir